por Rodolfo Módena*
«Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo.
No se trata de una cifra exagerada; es más bien cautelosa. En eso he meditado bastante después de la reunión del presidente Bush con los fabricantes norteamericanos de automóviles.»El 28 de marzo, nuestro Comandante Fidel Castro, advierte a la Humanidad sobre las consecuencias de la decisión del gobierno de George W. Bush, tras su reunión del 26 de marzo con los directivos de General Motors, Ford Motor y Chrysler, de promover la producción de biocombustibles a escala global.
Tras una mascarada «ecológica» Bush dijo que «un compromiso de los líderes de la industria automotriz nacional para duplicar la producción de vehículos a combustible alternativo ayudaría a que los automovilistas abandonen los motores que funcionan a gasolina y reduzcan la dependencia del país respecto del petróleo de importación.»
El asunto tiene varias aristas para la polémica. No puede decirse que es «alternativa» cuando sabemos que la sustitución de los hidrocarburos será ínfima; ni que sea «limpia», a lo sumo un poco menos contaminante. Pero la combustión es combustión, y los gases de efecto invernadero que produce, especialmente el dióxido de carbono, son gases de efecto invernadero. Menos «ecológica» es todavía si se la pretende tildar de «renovable».
Se sabe que el petróleo y el gas no son renovables, y que habrá que racionalizar su producción y consumo hasta su definitiva sustitución por fuentes de energía verdaderamente limpias y sustentables como la solar, la eólica, la mareomotriz, la geotérmica, la hidroeléctrica en pequeña y mediana escala, los biocombustibles como el biogás y, también, el etanol y el biodiesel en pequeña y mediana escala, así como la energía nuclear de fusión de hidrógeno.
La producción de etanol o biodiesel en gran escala conlleva la expansión en millones de hectáreas del monocultivo de caña de azúcar y soja en Brasil, así como del maíz y soja en Estados Unidos, México, Argentina y otros países. Esa tendencia será empujada por el aumento de los precios internacionales de dichos cultivos, en detrimento de la alimentación de las masas hambrientas del Tercer Mundo y de la rotación racional de los suelos. Peor aún será la presión agrícola capitalista sobre los bosques y selvas del continente arrasadas por la deforestación.
Desgaste de los suelos, desmontes desenfrenados, desertificación, más hambre, serían las nefastas consecuencias ecológico-sociales de tal despropósito. ¿Dónde está el carácter renovable de este recurso si se agotan los suelos, el agua, la biodiversidad y hasta la atmósfera?
«¡Queremos tierra para producir alimentos y no alcohol para EE.UU.!» sintetizó el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil en oposición al acuerdo de promoción del etanol entre Brasil y los EE.UU.
En verdad, dicho acuerdo, como el de compra norteamericana de carnes y lácteos uruguayos, responden a la nueva estrategia desestabilizadora del proceso de integración latinoamericana ensayada por el imperialismo norteamericano. Lo cierto es que estos acuerdos son funcionales a la estrategia yanqui post entierro del ALCA en el 2005 en Mar del Plata, en la que Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela tuvieron una determinación fundamental.
Recordemos que tras el estrepitoso fracaso de Bush en aquella Cumbre de las Américas que debía consagrar el ALCA, Estados Unidos optó por la estrategia de ir por las partes, intentando seducir con acuerdos bilaterales a distintos países con el fin de meter cuñas al proceso de integración latinoamericana.
Fidel dice que «la idea siniestra de convertir alimentos en combustible quedó definitivamente establecida como línea económica de la política exterior de Estados Unidos... Algunos se preguntarán por qué hablo de hambre y sed. Respondo: no se trata de la otra cara de una moneda, sino de varias caras de otra pieza, como pueden ser un dado con seis caras, o un poliedro con muchas más caras».
El asunto es muy grave y tenemos que estar alertas: como en Hiroshima, como luego en Vietnam con el napalm y el agente naranja, como hoy por el petróleo de Irak, «el villano ecológico» del imperialismo yanqui sigue haciendo de las suyas....
*Integrante del Mov. Libres del Sur

