(Paraná, Entre Ríos) Adriana de la Cruz de Zabal ha dejado de ser la candidata a diputada nacional por el frente que componen el radicalismo y la Coalición Cívica. La razón de base: su postura definida en contra de la sojización y de la aplicación del glifosato.
por Juan A. Bracco
El primer ruido sobre su postulación comenzó el lunes siguiente a la oficialización del acuerdo entre la UCR y la Coalición Cívica, cuando aún se sentían los estertores de la ruptura del centenario partido con el socialismo.
Fueron primero contactos entre dirigentes de las entidades rurales y referentes del radicalismo, que llegaron incluso a poner en jaque la presencia de Jorge Chemes en el tercer lugar de la lista del acuerdo. “Es una fundamentalista del ambientalismo”, fue la acusación más repetida.
Si esto ocurría, el peor de los escenarios para el radicalismo (impensado unos días antes) quedaba en pie: sin el socialismo, sin el apoyo de la mesa de enlace rural y abrazada como a un salvavidas de plomo con tres fuerzas que, hasta ese momento, ni tan siquiera tenían reconocimiento de la Justicia electoral para participar del comicio.
A esto se sumaron las propias contradicciones de ese conglomerado que se denomina Coalición Cívica, que en rigor es la sumatoria sin amalgamar del Ari, el Gen y Unión por Todos, donde casi coinciden representación y representantes.
Fue por estas rendijas donde se coló el elemento disociador: con el veto ruralista, el cambio apuntó a quien en rigor fue el primer nombre que se escuchó en el Congreso radical que oficializó el quiebre con el socialismo, Hilma Ré, la presidenta de la Sociedad Rural de Diamante. Además, el GEN quería (y quiere aún) a Valentina Uranga para ese lugar. Sin embargo, las fichas están puestas en Ré.
Repasemos dos datos que quedaron flotando
El primero es del comunicado del Ari cuando se veía venir la caída:
“Algunos pocos y supuestos dirigentes, que se auto titulan ser representantes de algún sector del campo – sector que en su diversidad y colectivo social, desde sus pequeños y medianos productores y trabajadores rurales, han honrado por sus luchas la defensa del federalismo y la república – ahora abusando y mal apropiándose de aquella historia, ésta minoría de seudos dirigentes, sin dar la cara, sin decir sus nombres, desde el anonimato pretenden producir un golpe cobarde sobre una candidata elegida por el Partido ARI, los independientes que conforman la CC y también los compañeros de Unión por Todos”
El segundo es parte de la crónica de una muerte anunciada, y sólo deja abierta la puerta para saber de dónde vino la puñalada:
“Repudiamos a quienes pretenden que no luchemos por el respeto, aplicación y cumplimiento de la nueva Constitución de la provincia, de la que la Coalición Cívica, el socialismo y la propia UCR, con el oficialismo, lograron acordar, donde los valores y principios de la búsqueda de la sustentabilidad social, económica y ecológica”.
El Ari, es decir el sector de la CC que respaldaba a De la Cruz de Zabal, sabía de dónde venía el mandoble, pero sus referentes se quedaron mascando bronca y pidiendo a sectores que históricamente se manejaron entre gallos y media noche que “den la cara” y la pelea abierta, algo totalmente imposible: nadie cede así porque sí una ventaja estratégica.
El viejo apotegma dice que Roma no paga traidores. Con la línea ya marcada, la Sociedad Rural anunció que “ya tiene a su primera candidata para ocupar una banca en Diputados”, según informó Clarín hoy. “La entidad difundió un comunicado informando que ‘se oficializó la candidatura de Hilma Ré como segunda diputada nacional de Entre Ríos por el frente electoral Unión por Todos’”, añade la información, donde el yerro en la denominación de la fuerza que integra Ré (es en rigor el Acuerdo Cívico, entente de la UCR y la CC) suena tanto a error humano como a intención de dejar en un segundo plano el partido que lleva la candidatura. Lo importante es que es la candidata de la SRA.
La advertencia ya estaba hecha tiempo antes. “Yo suelo enfrentar los ciclos con la lógica de un plan de siembra, mediante el que pauto los objetivos y los medios para alcanzarlos. Sé que el éxito depende también de factores exógenos impredecibles; no obstante, con un riesgo controlable en función del esfuerzo, el conocimiento y la técnica aplicada a la gestión”, confesó Hugo Biolcati, el presidente de la Sociedad Rural en su carta a los socios de diciembre de 2008.
El dirigente ruralista, que recientemente dejó en claro que no vio con malos ojos el golpe de Estado de 1976, planteó tres objetivos para el 2009 que arrojan más luz a los sucesos recientes. En el primero enuncia que la meta final es “lograr la unión del empresariado argentino con miras a fortalecer al sector privado ante el avance implacable del Estado”. En el segundo, “aumentar la participación del sector agropecuario en el Poder Legislativo (…) Productores, dirigentes, simpatizantes del campo deben integrar las listas de candidatos para todos los niveles de Gobierno: municipal, provincial y nacional, y con la mayor dispersión geográfica posible”.
“Finalmente – esgrime – me propongo consolidar e incrementar la imagen positiva del sector agropecuario en la sociedad. La opinión pública debe saber que el campo es el motor de la economía y que, por lo tanto, puede fortalecer a la Argentina frente a la crisis. Ya sacó al país de la debacle del 2001 y puede volver a hacerlo. El aparato productivo está intacto. Sólo se necesitan condiciones mínimas para la producción y el trabajo, que pueden resumirse en mayor previsibilidad y reglas de juego claras y estables”.
Esa claridad y estabilidad exigida exige no modificar el status quo de producción de transgénicos, que ha sido puesta en tela de juicio recientemente por estudios de Andrés Carrasco, profesor de embriología, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
El caso De la Cruz de Zabal indica que los ejemplos no se agotan: Monsanto ha vuelto a demostrar que sólo los cultivos que nacen de sus semillas genéticamente modificadas son resistentes a la aplicación del round up.
Fuente: www.cronistadigital.com.ar