por Federico Soñez
Escándalo (así como “mercancía” es el concepto básico para la crítica de la sociedad capitalista, según, Marx, “escándalo” es el concepto fundamental para la crítica del mundo según Pino Solanas)
Escándalo, mejor dicho, es un escándalo: el presidente de Bolivia, Evo Morales ha afirmando que consumir pollo fabricado, transgénico, construido en esos galpones sometidos constantemente a la luz artificial, y vaya uno a saber a que otra cosa, puede producir, entre otras desgracias, que el hombre se amaricone. Y lo dijo ni más ni menos que en la apertura de la cumbre en defensa de la Madre Tierra.
La buena conciencia no puede callarse: todos se anotan para recordar que Evo es, como siempre se supo, un verdadero indio. Para algunos esto significa lisa y llanamente que es un indio de mierda. Paro otros en cambio se trata de una diferencia, de una marca de la diversidad en el respetable mundo de la multiculturalidad. Para ambos, claro, los dichos no son serios. Es un viejo mito, un cuento sin demostración científica.
Todos sabemos que esos pollos son basura, que su consumo acarrea vaya uno a saber que consecuencias. Pero no hay nada probado. El consenso de los empíricos de laboratorio y de los positivistas de estadística nunca se establece. Todas las afirmaciones sobre los transgénicos se diluyen una y otra vez por falta de pruebas. A seguir comiendo. Bueno, algunas cosas si se han probado: la enorme diversidad alimenticia que caracterizó a la humanidad se ha reducido a una canasta mínima de productos similares cuyas condiciones organolépticas son homogéneamente establecidas por un puñado de trasnacionales.
Pero una cosa es decir que esos pollos son basura y otra muy distinta decir que puede afectar la forma de ser hombre de los hombres. ¿No es cierto?
¿No sabe Evo que hay que respetar la opción sexual de las personas? Porque claro, la sexualidad se elige, ¿no es verdad? se decide, se vota. El individuo tiene derecho a vivir su sexualidad como le parezca. Esa es la piedra (sobre esta piedra edificaré mi iglesia) que sustenta a todas las otras libertades. ¿Cómo se atreve alguien a decir que un pollo saturado de hormonas puede incidir sobre una decisión tan libremente decidida como la propia sexualidad?
Pero aquí hay un problema, el discurso democráticamente correcto se estrella con un fuerte saber de los ilustrados occidentales: el sexo no se elige, nos elige y no tenemos más remedio que arreglarnos, cosa que nunca podemos hacer, con esa maldita (mal-dicha) elección. Sabemos además algunas cosas elementales como que “no hay relación sexual”, que “ninguna mujer tiene el falo” , que “todos los hombres tiene el falo”, y también que “todos los hombres, menos uno, están sometidos a la castración”. Como Evo no ha dicho que ese uno es el hijo de una milenaria raza de productores de pollo, la cosa no parece grave.
Ha dicho que algunas hormonas pueden incidir sobre nuestras hormonas ¿Alguien puede desmentirlo?
Para nosotros su afirmación es temeraria. ¿Cómo se atreve a afirmar lo que dijo sin un acuerdo de la comunidad científica? Pero su relato no es el nuestro, el cree que la más pequeña piedra tiene más valor que el hombre, el cree que el hombre es la menos valiosa de las cosas que existen. El cree que el hombre está matando la tierra. El ha hablado en la apertura de una cumbre para salvar la vida y ha dicho que la comida transgénica es una mierda.
El único escándalo a la vista es la destrucción del planeta.
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*Los entrecomillados sobre sexualidad son citas de Jacques Lacan