Día del Ambiente. El divorcio de la ecología y la política

por Octavio Halle

En la provincia de Entre Ríos cuatro grandes temas merecen una reflexión en el día del ambiente. El más conocido y resonante es el de las plantas de fabricación de pasta celulosa sobre el río Uruguay. Un segundo gran tema es el avance de la agricultura sojera, que trae como consecuencia la pérdida del monte nativo, que en este momento llega al 90% de su superficie y por otro lado el problema de los aqroquímicos que afecta cada día más a las poblaciones ya no sólo rurales, sino urbanas linderas con los campos y quintas de cultivo, tal la presión del avance de la llamada frontera agrícola.

Un tercer tema de importancia es el relacionado con la pesca del sábalo. Allí se entrecruzan enfoques económicos, ecológicos, culturales, tan delicados que su resolución puede definir y atravesar el perfil de esta provincia para los próximos años.

Por último, la cuestión del Acuífero Guaraní es central, no sólo en la gestión del agua por parte de las comunidades locales, sino en la geopolítica que diseñan las elites del norte del mundo.

Podrían citarse otros, como la pobreza, no siempre considerado del campo del saber ambiental, pero presente en cada uno de los cuatro problemas citados.

La magnitud de la agenda ambiental apuntada, hace que en la provincia de Entre Ríos, cada habitante sea un militante ecologista hasta que demuestre lo contrario.

En el caso de las plantas de celulosas, estamos ante un nuevo megaproyecto, con una gran capacidad de daño ambiental, es decir económico, social, cultural y ecológico. La consigna enarbolada por muchos de los ecologistas de rechazar “las industrias sucias” genera muchísima adhesión, como quedó demostrado en el corte del puente internacional. Si se analiza el ciclo de producción y consumo de papel en el mundo, se ve a las claras que proyecto atiende al modelo de desarrollo y a la lógica del liberalismo capitalista, que son tan depredadoras en lo económico y social que quizás habría que rechazarlas aún si fueran limpias. No puede decirse que las AFJP, los bancos y las empresas telefónicas privatizadas sean ejemplos de empresas contaminantes, pero sí hay algunos datos para responsabilizarlas del saqueo y la destrucción de nuestro país. Y eso es porque están inscriptas en la lógica del capitalismo real.

Algo similar ocurre con el tema de la agricultura. Las empresas dueñas de las semillas no sólo impusieron un modo de uso del suelo. También crearon una encerrona económica y tecnológica de la que es difícil salir. Si no véase el enfrentamiento que tiene la Federación Agraria con la empresa biotecnológica Monsanto por la apropiación de las regalías por uso de patentes de las semillas. Una vez más se imponen las reglas del capitalismo mundializado.

Con la exportación del sábalo ocurre algo semejante, el daño ecológico existe y está en un punto crítico. Esta especie del río Paraná tiene una función vital dentro del sistema ecológico ya que está en la base de la cadena alimenticia, por lo que corren riesgo también las demás especies. Pero la lógica económica concentrada aparece dejando sus marcas, unas 60 mil toneladas anuales son extraídas anualmente, a manos de cinco frigoríficos y tienen la exportación como destino.(1)

El caso del Acuífero Guaraní ha llamado la atención de las elites imperiales, que movilizaron tropas militares, científicos y millones de dólares, bajo distintas excusas que van desde la preservación del agua, a la lucha contra el terrorismo. Aquí aparece en el centro de la escena, la disputa por la apropiación y mercantilización del agua.

La respuesta y la resistencia

Los pueblos y sus expresiones organizadas son cada vez más conscientes de la importancia de la gestión de los bienes de la naturaleza, así como de las consecuencias de exclusión y pobreza, que tienen las políticas liberales.

De la resistencia dan cuenta la organización y movilización contra las plantas de celulosa. En menor medida se la disputa por el agua, la propiedad intelectual, y la tierra entre otras.

En otras partes del planeta, de dan este tipo de resistencias, tal como en Bolivia, donde los sectores más pobres están en la calle, desde hace días defendiendo sus recursos gasíferos, También Francia y Holanda a dado muestras de rechazo a la liberalización de la economía y la mercantilización de la vida, rechazando el Tratado Constitucional Europeo, que en su parte tercera otorga vía libre a las reglas impuestas por Organización Mundial del Comercio.

A pesar de que estos problemas ambientales -leáse económicos, sociales y ecológicos- son profundamente políticos, en la mayoría de los casos no aparecen en las agendas de los partidos, y cuando aparecen -la más de las veces impuestos por la movilización popular- se tratan de manera parcial.

Entonces, el caso del Acuífero, apareció en la Legislatura provincial, a raíz del Tratamiento de la ley de termas donde se impuso una visión cortoplacista, criticada por los grupos ecologistas y por el Defensor del Pueblo de la ciudad de Paraná. La soja no se debate, a no ser cuando se impulsan leyes que habilitan la ampliación de la superficie sembrable en las banquinas de las rutas. Por un lado se desconoce la problemática, recortando el debate a ver si los transgénicos son peligrosos para la salud o no. Por otro se hace la vista gorda, dado que la política económica y social del gobierno nacional, depende, en mucho, de la “bonanza del campo”.

En cuanto, al problema de las plantas de celulosa y la pesca parecerían tener un tratamiento más serio de parte de la sociedad política. Sin embargo, ninguno de los temas son parte del debate interno de los partidos políticos provinciales que acompañan o impulsan la resistencia.

Esta situación era de esperarse por parte de los partidos que hoy encarnan ideas más conservadoras. Así el partido Justicialista aparece liderando la resistencia a las papeleras, sin darse por aludido de que en la misma costa del, hoy amenazado, río Uruguay, existe una de las ciudades con más pobres de la Argentina, Concordia, a las orillas del lago de una represa.

Tampoco los llamados “partidos progresistas” terminan de asimilar estos temas. Entre el economicismo reduccionista, el desarrollismo decadente y contaminación neoliberal de los ’90 que impregnó a toda la sociedad, no puede aflorar una idea capaz de integrar una cantidad de temas además de lo ambiental. Sólo así se entiende el escaso compromiso de estas organizaciones partidarias para con la lucha que intenta detener a las plantas de celulosa.

Peor aún, es el caso de Brasil, frente a la deforestación, el avance de los transgénicos y la demora de la reforma agraria, permitidas por el Gobierno Lula, del Partido de los Trabajadores.(2) Lo mismo sucede en el Uruguay donde la izquierda en el gobierno cede ante las presiones, pero tanto el presidente Vázquez, como el ministro Mujica se justifican en nombre del “desarrollo industrial” del país y la necesidad del ingreso de capitales para superar la crisis. Se da, entonces, el insólito escenario en que el gobernador Busti queda situado a la izquierda de los mandatarios mencionados.

Es cierto que los intereses son fuertes y las presiones también, en el Uruguay la empresa Botnia se ha “beneficiado con la firma de un ‘Acuerdo con el Gobierno de la República de Finlandia’ relativo a la promoción y protección de inversiones”, por el que se le asegura que en caso de que sufra pérdidas ‘por causa de guerra u otros conflictos armados, estado de emergencia nacional, revuelta, insurrección o manifestaciones’ (énfasis agregado), el Estado uruguayo se compromete a resarcirla por las pérdidas que ello le pudiere ocasionar.” (3)

Pero lo que molesta es la justificación con los mismos argumentos que los argentinos nos cansamos de escuchar antes de la crisis de diciembre de 2001.

No sólo la temática ecológica está ausente dentro de las agendas partidarias. Tampoco hay debates internos sobre otros temas como la economía social, el presupuesto participativo y los modelos alternativos de desarrollo. Y decenas de temas para los que si hubo y habrá cabida dentro de los más de 2500 talleres que funcionaron durante el V Foro Social Mundial buscando alternativas al liberalismo económico.

En el corto plazo parece difícil suturar las distancias entre las problemáticas señaladas y las agendas partidarias, Mucho más tarde se hará en la medida en que las y los cientos de mujeres y hombres que circulan en experiencias alternativas por fuera o por los bordes de los partidos políticos, comiencen a unir esfuerzos en torno de un horizonte de vida sustentable mediados por mecanismos de democracia participativa.

—–
Barrancas del río Paraná – Junio de 2005

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>