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¿Quién es el señor Monsanto?

por Darío Aranda*

Monsanto es la empresa de agronegocios más grande del mundo, con ventas en 2006 por 4476 millones de dólares, controla el 20 por ciento del mercado de semillas. La empresa, que rechazó hablar con este diario, publicitaba que el Roundup era “biodegradable” y resaltaba el carácter “ambientalmente positivo” del químico.

La Fiscalía General de Nueva York reclamó durante cinco años por publicidad engañosa. Recién en 1997, Monsanto eliminó esas palabras en sus envases. Tuvo que pagar 50 mil dólares de multa. “Es la última de una serie de grandes multas y decisiones judiciales contra Monsanto, incluyendo los 108 millones de dólares por responsabilidad en la muerte por leucemia de un empleado texano en 1986; una indemnización de 648 mil dólares por no comunicar a la EPA datos sanitarios requeridos en 1990; una multa de un millón impuesta por el fiscal general del estado de Massachusetts en 1991 por el vertido de 750 mil litros de agua residual ácida; y otra indemnización de 39 millones en Houston (Texas), por depositar productos peligrosos en pozos sin aislamiento”, acusa el investigador.

En Argentina, Monsanto cuenta desde 1956 con una fábrica en Zárate (Buenos Aires), donde radica su planta de producción de glifosato, la más importante de América latina. Publicidad corporativa asegura que controla el 95 por ciento del mercado de la soja sembrada en el país y, sobre el Roundup, festeja: “Es líder mundial en su especialidad y ha creado una verdadera revolución en la actividad agropecuaria de cientos de países”.

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*periodista de Página/12

¿Qué es el copyleft?

Marilina “Marol” Winik es socióloga, pasó por diversos espacios, como el colectivo local de la red global de medios Indymedia, y en diferentes iniciativas en relación a la cultura, la contracultura, el mediactivismo y lo audiovisual. En todos esos espacios la lógica de trabajo aplicada es la del copyleft. Charlamos con Marol sobre la cultura copyleft, la producción cultural y la filosofía del compartir.

-Yo creo que el copyleft lo que trata de aunar es a una filosofía cultural y de vida que trabaja sobre las formas de producción y las formas de de distrubución de nuestra producción. Creo que hay un medio ambiente en el que la cultura masiva nos bombardea de restricciones y piraterías, y nos vende y nos hace consumir de acuerdo a nuestro poder adquisitivo. Como contrapartida a ese tipo de cultura, tenemos la posibilidad de pensar la cultura copyleft, como un espacio donde nuestra producción se comparta y se entienda que compartiendo se genera cultura.

Compartiendo nuestros conocimientos y las creaciones se genera otro tipo de cultura, la cultura de la solidaridad, de la generosidad. Yo creo que el copyleft tiene que ver con eso, con un tipo de pensamiento. [audio]Cuando uno lee o cuando escribe un libro, uno tiene un montón de libros en la cabeza. Cuando uno pinta, tiene un montón de pintores en su cabeza, porque lo influenciaron. O cuando uno realiza una película, tiene un montón de directores. Eso es el copyleft. Somos seres culturales que aprendimos de un montón de gente, y reproducimos eso.

“Mi obra” la puedo licenciar con copyright porque me pertenece, pero la puedo abrir con diferentes atributos para que pueda circular libremente, para que pueda ser copiada, etc, etc. Yo puedo decidir sobre mi obra, y no “la gran editorial”, o “la gran empresa cinematográfica”, o quien sea.

En relación a las licencias, hay una licencia que es la licencia madre, la GPL, la Licencia Pública General, que es la que creó la Fundación para el Software Libre de Richard Stallman. Te da la posibilidad de compartir y abrir las fuentes de los programas para poder seguir mejorándolos. En cultura, educación, hay otros tipos de licencias. Cada vez se están haciendo más licencias. La Creative Commnons es la más conocida, que tiene diferentes tipos de libertades. El copyright y las creative commons no son incompatibles, sino que son complementarias. Esto te permite como autor, realizador o artista, generar usos sobre tu obra que pueden ser diversos.

Las licencias Creative Commnons establecen un equilibrio entre los derechos de los autores, las industrias culturales y el acceso del público a las obras, la cultura y el conocimiento. El autor, con esas licencias, puede expresar su decisión de compartir o no, y darle ciertos atributos a su obra. A diferencia del copyright, donde “todos los derechos están reservados”, la idea del copyleft es que algunos derechos, o los que los autores elijan, se abran para que se compartan con toda la gente. Se pueden licenciar fotos, libros, textos, textos académicos, videos, música, sitios web, blogs. Cualquier tipo de producción se puede licenciar con las licencias Creative Commons.

Lo que es interesante de las Creative Commons es la posibilidad de copiar y distribuir las obras respetando las construcciones que uno quiere. Existen básicamente dos opciones. Una puede ser compartir las obras incluyendo el uso comercial de la obra, porque uno puede permitir que se comparta comercialmente, y la otra es hacer derivadas de esa obra y decir en qué condiciones vos querés que se comparta esa obra. Vos podés elegir. La podés liberar totalmente, incluso comercialmente, o no. Eso está en función del propio autor.

A lo que va esta herramienta es a que “la Creación se protege compartiéndola”. Es una posibilidad de los mismos productores de cultura de expresar que quieren compartir su obra, y eso es una cosa que tiene que ver con la forma de pensar y de crear, de hacer en comunidad. Esta persona es consciente de sus derechos como autor, pero también elige compartir con el resto de la comunidad, y eso me parece que es algo interesante.

Me parece interesante pensar una alternativa que nos haga sentir parte de una comunidad que no tenga valores tan individualistas. A diferencia del tipo de posiciones “lo mío es sólo mío y únicamente mío”, es una forma de decir “para llegar a hacer la obra que hice tuve que recorrer todo este camino, tuve que leer todos estos autores, o tuve que ver todas estas películas, y todos ellos me influenciaron de una manera que yo pude concebir esta obra, entonces yo, de la misma manera la libero, para que la misma comunidad pueda crear su propia obra”.

Decir que solamente lo que producimos “es nuestro” es una mentira. Es el producto de todas nuestras influencias, de todo lo que aprendimos. Las licencias libres, o el copyleft, para mi es reconocer que todas nuestras fuentes de información y de creación son comunes, son bienes comunes. La cultura es común, por eso es importante rescatar el copyleft como filosofía.

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Fuente: http://agite.ourproject.org

Los Recursos Naturales

Ing. Agr. Guillermo Gallo Mendoza

En este documento se encuentran partes de elaboración personal y conjunta con colegas y Compañeros en el marco del Pensamiento Nacional y Popular, así como partes elaboradas por profesionales amigos que a lo largo de muchas décadas vienen mostrando una identidad convergente con dicho Pensamiento.

¿Qué son los agronegocios?

Son distintos procesos implicados en la producción y distribución de alimentos, una cadena controlada por grandes empresas trasnacionales que imponen un modelo de agricultura de gran escala y de comercialización concentrada.

En la actualidad, los agronegocios son el núcleo de poder de las corporaciones que dominan nuestras tierras cuyo fin es incrementar su producción de insumos industriales, sean granos de oleaginosas o celulosa para abastecer a los mercados globales. La ocupación del territorio con monocultivos industriales provoca despoblamiento rural, pobreza y destrucción de los suelos donde habitan nuestros pueblos originarios y comunidades campesinas, las regiones de mayor diversidad biológica y cultural.

Este modelo de agronegocios alcanza también, con sus cadenas agroalimentarias y supermercados, la mesa de cada habitante en las ciudades imposibilitando el acceso a alimentos sanos. Se impone así la cultura consumista que rompe con nuestros parámetros culturales y donde los derechos ciudadanos se equiparan a la mera capacidad económica del consumidor.

Aún así, los agronegocios implican mucho más que las estrategias económicas de un sector productivo, pues imponen una nueva forma de dictadura económica neoliberal que niega nuestros derechos económicos, sociales y culturales y que perpetúa la deuda ecológica de los países del norte con el hemisferio sur.

Oponerse hoy al modelo de los agronegocios es hacer frente a la faceta más dinámica del neoliberalismo en el cono sur de América Latina.

Desde la resistencia: identificando los mecanismos y las corporaciones que monopolizan el control de nuestros alimentos, confrontando las políticas estatales que permiten y promueven la penetración de estas empresas, y denunciando las constantes violaciones a los derechos humanos y actos de criminalidad económica por las que son responsables

Y desde la construcción colectiva: desarrollando alternativas de producción y consumo, y articulando lo urbano y lo rural en el marco de un movimiento constante hacia una visión global compartida, para lo cual las premisas son la información, la coordinación y la acción concreta.

¿Qué es el neoliberalismo?

por Frei Betto*

El neoliberalismo es el nuevo carácter del viejo capitalismo. Éste adquirió fuerza hegemónica en el mundo a partir de la Revolución Industrial del siglo XIX. El perfeccionamiento de máquinas capaces de reproducir en gran escala el mismo producto y el descubrimiento de la electricidad posibilitarán a la industria producir, no en función de las necesidades humanas, sino sobretodo apuntando al aumento del lucro de las empresas.

El excedente de la producción y la mercancía superflua obtuvieron en la publicidad la palanca que necesitaban para inducir el hombre a consumir, a comprar más de lo que precisa y a necesitar de lo que, en rigor, es superfluo y hasta incluso perjudicial a la salud, como alimentos ricos en azúcar y grasa saturada.

El capitalismo es una religión laica fundada en dogmas que, históricamente, merecen poca credibilidad. Uno de ellos dice que la economía es regida por la “mano invisible” del mercado. Sin embargo, en muchos periodos el sistema entró en colapso, obligando al gobierno a intervenir en la economía para regular el mercado.

El fortalecimiento del movimiento sindical y del socialismo real, sobretodo después de la Segunda Guerra Mundial (1940-1945), amenazó el capitalismo liberal, que trató de disciplinar el mercado a través de los llamados Estados de Bienestar Social (asistencia social, leyes laborales, salud y educación, etc.).

Ese carácter “social” del capitalismo duró hasta fines de la década de 1970 e inicios de la década siguiente, cuando Estados Unidos se dio cuenta de que era insostenible la convertibilidad del dólar en oro. Durante la guerra de Vietnam, Estados Unidos emitió dólares en exceso, lo que aumentó el precio del petróleo. Se tornó imperioso para el sistema recuperar la rentabilidad del capital. En función de este objetivo varias medidas fueron adoptadas: golpes de Estado para frenar el avance de conquistas sociales (como ocurrió en Brasil en 1964, cuando fue derrumbado el gobierno del presidente João Goulart), elecciones de gobernantes conservadores (Reagan), cooptación de los socialdemócratas (Europa Occidental), fin de los Estados de Bienestar Social, utilización de la deuda externa como forma de control de los países periféricos por los llamados organismos multilaterales (FMI, OMC, etc.) y el proceso de erosión del socialismo real en el Este europeo.

En esta región, el socialismo cayó por edificar un gobierno para el pueblo y no del pueblo y con el pueblo. A la democracia económica (socialización de los bienes y servicios, y distribución de renta) no se sumó la democracia política; no en los moldes del Occidente capitalista, sino fundada en la participación activa de los trabajadores en los destinos de la nación.

Nació, así, el neoliberalismo, teniendo como partera el Consenso de Washington – la globalización del mercado “libre” y, según las conveniencias, del modelo norteamericano de democracia (jamás exigido a los países árabes proveedores de petróleo y gobernados por oligarquías favorables a los intereses de la Casa Blanca).

El capitalismo transforma todo en mercancía, bienes y servicios, incluyendo la fuerza de trabajo. El neoliberalismo lo refuerza, mercantilizando servicios esenciales, como los sistemas de salud y educación, el abastecimiento de agua y energía, sin dejar de lado los bienes simbólicos: la cultura es reducida a mero entretenimiento; el arte pasa a valer, no por el valor estético de la obra, sino por la fama del artista; la religión pulverizada en modismos; las singularidades étnicas encaradas como folclore; el control de la dieta alimentaria; la manipulación de deseos inconfesables; las relaciones afectivas condicionadas por la glamourización de las formas; la búsqueda del elixir de la eterna juventud y de la inmortalidad a través de sofisticados recursos técnico-científicos que prometen salud perenne y belleza exuberante.

Todo eso, restringido a un solo espacio: el mercado, equivocadamente adjetivado de “libre”. Ni el Estado escapa, reducido a mero instrumento de los intereses de los sectores dominantes, como tan bien analizó Marx. Ciertas concesiones son hechas a las clases medias y populares, siempre que no afecten las estructuras del sistema y no reduzcan la acumulación de riquezas en manos de una minoría. En el caso brasileño, hoy el 10% de los más ricos de la población –cerca de 18 millones de personas – tienen en sus manos el 44% de la riqueza nacional. En el otro extremo, el 10% de los más pobres, sobrevive dividiendo entre sí el 1% de la renta nacional.

Millares de personas consideran el neoliberalismo una etapa avanzada de la civilización, así como los contemporáneos de Aristóteles pensaban que la esclavitud era un derecho natural y los teólogos medievales consideraban a la mujer un ser ontológicamente inferior al hombre. Sí hubo cambios, no fue jamás por benevolencia del poder.