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Neuquén: Aceite vegetal como generador de energía

Durante unas cinco horas, los habitantes de la localidad neuquina de Villa Traful recibieron electricidad generada con aceite vegetal al 100 % gracias a que la Empresa Provincial de Energía (EPEN) permitió, a un grupo de investigadores independientes, realizar esta experiencia en la Usina de la localidad.

La generación de energía eléctrica a partir de aceite vegetal aditivado es un método inédito en nuestro país y Latinoamérica y ha sido experimentado en los últimos años por un grupo de investigadores encabezados por el profesor Carlos Cebeiro, quienes antes habían realizado, con éxito, pruebas de laboratorio en la Usina 9 de Julio de la ciudad de Mar del Plata causando muy buena impresión entre los directivos de la Empresa Centrales de la Costa Atlántica SA.

Edgardo Depetri, presidente de la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados y en coordinación con la Secretaría de Energía del Ministerio de Planificación Federal, apoya estas experiencias por entender la necesidad de que nuestro país logre el autoabastecimiento energético, con disminución de los gases que causan el efecto invernadero y porque el uso del aceite vegetal aditivado mejora la distribución de ingresos al dar participación a un número mayor de actores, a diferencia del petróleo que es concentrador de riquezas y da participación a sectores muy calificados.

Además, el uso sistemático de estos aceites propiciaría la diversificación de la producción agrícola, permitiendo la incorporación de tierras degradadas ó improductivas, dando valor agregado a los granos, favoreciendo a determinadas regiones cuyas oleaginosas hoy no son productivas (tártago en Salta, lino en Santa Fe, algodón en Chaco, por ejemplo, además de girasol, maní y soja de segunda) y, por sobre todo, posibilitando la generación de nuevos empleos.

Las pruebas continuarían en breve en turbinas de mucha más potencia que son propulsadas con Gas-Oil, Gas y Fuel-Oil. En el caso del Gas Oil se reemplazaría un 20% de este combustible por aceite vegetal. Respecto a las máquinas que consumen Fuel Oil, con pequeñas modificaciones en los calentadores se podría llegar a reemplazar hasta un 100 % del citado combustible.

Biocombustibles y futuro

por Carlos del Frade

(APE).- “Vamos a alimentar vehículos y desnutrir personas. Hay 800 millones de vehículos automotores en el mundo. El mismo número de personas sobrevive en desnutrición crónica”, sostiene el teólogo brasileño Frei Betto.

Semana Mundial del Agua. Los agrocombustibles y la sed del mundo

por Roberto Aguirre*

Expertos de 140 países advirtieron que el etanol y el biodiésel representan una amenaza para las reservas de agua. Un nuevo indicador que demuestra la inviabilidad de este proyecto.

Un grupo de especialistas advirtió este lunes que los agrocombustibles representan una gran amenaza para las reservas acuíferas del mundo. En el marco de la Semana Mundial del Agua, que se celebra en Estocolmo, Suecia, con la participación de 2500 expertos en la materia, representantes de 140 países expresaron su preocupación sobre la escasez de este bien natural en medio del aumento de la producción de etanol y biodiésel.

En este sentido, el Instituto Internacional de Agua de Estocolmo (SIWI por sus siglas en inglés) presentó sus previsiones, a través de las cuales asegura que la producción de agrocombustibles provocará, para 2050, que se duplique la demanda actual de agua para la agricultura.

Asimismo, se advirtió que la necesidad de grandes superficies de siembra para el desarrollo de etanol y biodiésel se convertirá en un problema para las generaciones venideras.

Los datos arrojados en la primera jornada de la Semana Mundial del Agua, concuerdan con un informe realizado en 2006 por el Instituto de Administración del Agua (IWMI) que, con apoyo de Naciones Unidas, determinó que la producción de agrocombustibles podría agravar la escasez de agua.

Este informe detalló que la demanda de agua para riego supone el 74% del recurso usado por el hombre -frente al 18% de las centrales eléctricas y otros usos industriales, y sólo el 8% del consumo doméstico-, y es probable que se incremente para 2050.

Por su parte, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), advirtió que la producción de agrocombustibles, en el caso de Perú, no tiene viabilidad ya que no existe disponibilidad de agua para el riego. Esta conclusión puede ser extendida a otros países del subcontinente, sobre todo en regiones con escasas precipitaciones.

El proyecto de los agrocombustibles en la región supone un gran coste económico, social y ambiental.

Por una parte, el alza en los precios de los commodities está generando una suba en los productos de primer orden que atenta contra los pobres, cada vez más lejanos a alcanzar la canasta básica alimentaria (“El precio del pan por las nubes” APM 13/08/07).

Uno de los principales argumentos para sostener este proyecto es la diversificación de la matriz energética, según la cual se pretende reducir la dependencia del petróleo. Sin embargo, gran parte de los estudios realizados demuestran que la atadura a los combustibles fósiles persiste. Por ejemplo, en el caso del etanol de maíz se necesitan 1,3 kilocalorías de petróleo para producir una kilocaloría de bioetanol.

De la misma forma, el modelo agrotécnico, matriz sobre la cual se asienta la producción de agrocombustibles, reproduce la lógica del latifundio, y atenta directamente contra la agricultura familiar tradicional, fuente de ingreso y supervivencia de millones de personas en América Latina. En Argentina, según datos del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar (Cipaf), las pequeños asentamientos aún producen más del 50 por ciento del empleo rural, aunque el número venga en declive (“Por el futuro de la agricultura familiar” APM 13/08/07).

Finalmente existe un enorme costo ambiental, de la mano de la tala indiscriminada para liberar tierra para la soja, el maíz y la caña, el uso de agrotóxicos y el monocultivo. Esto, en contraposición con la versión que afirma, erróneamente, que el etanol y el biodiésel no contaminan.

En este sentido, el agroecólogo Miguel Altieri explicó a APM que “los biocombustibles son una tragedia ecológica y social. Con su producción se creará un problema muy grande de soberanía alimentaria, ya que hay miles de hectáreas de soja, caña de azúcar y palma africana que se van a expandir, lo que va a producir una deforestación masiva muy grande. Esto ya está pasando en Colombia y en el Amazonas de Brasil. Además va a aumentar la escala de producción de monocultivos mecanizados, con altas dosis de fertilizantes y específicamente Atrazina, que es un herbicida muy nocivo con irrupción endocrina. Digamos que los problemas de la agricultura industrial se potenciarán de una forma tremenda” (“Los biocombustibles son un modo de imperialismo biológico” APM 22/03/07).

A este oscuro panorama, ahora se suma el peligro del agua, de la cual América Latina posee las mayores reservas del mundo. Expertos de todo el orbe confirman que este bien natural podría escasear debido al incremento de la producción agraria con fines energéticos. ¿Cuántas advertencias más son necesarias para demostrar la inviabilidad del proyecto de los agrocombustibles?

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*Redacción de APM

Necrocombustibles

por Frei Betto

“Vamos a alimentar vehículos y desnutrir personas. Hay 800 millones de vehículos automotores en el mundo. El mismo número de personas sobrevive en desnutrición crónica”

El prefijo griego bio significa vida; necro, muerte. ¿El combustible extraído de plantas trae vida? En mi tiempo de escuela primaria, la historia de Brasil se dividía en ciclos: madera-brasil, oro, caña, café etc. La clasificación no es del todo insensata. Ahora estamos en pleno ciclo de los agro-combustibles, incorrectamente llamados de biocombustibles.

Este nuevo ciclo provoca el aumento de los precios de los alimentos, ya denunciado por Fidel Castro. Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), divulgado el 4 de julio, indica que “los biocombustibles tendrán un fuerte impacto en la agricultura entre 2007 y 2016”.

Los precios agrícolas estarán por encima de la media de los últimos 10 años. Los granos deberán costar del 20% a un 50% más. En Brasil, la población pagó tres veces más por los alimentos en el primer semestre de este año, si comparado al mismo periodo de 2006. Vamos a alimentar vehículos y desnutrir personas. Hay 800 millones de vehículos automotores en el mundo. El mismo número de personas sobrevive en desnutrición crónica. Lo que inquieta es que ninguno de los gobiernos entusiasmados con los agro-combustibles cuestiona el modelo de transporte individual, como si las ganancias de la industria automovilística fueran intocables.

Los precios de los alimentos ya suben en ritmo acelerado en Europa, en China, en la India y en los EUA. La agroflación – la inflación de los productos agrícolas – debe llegar, este año, a un 4% en los EUA, comparada al aumento del 2,5% en 2006. Allá, como el maíz está casi todo destinado a la producción de etanol, el precio del pollo subió un 30% en los últimos 12 meses. Y la leche debe subir un 14% este año. En Europa, la mantequilla ya está un 40% más cara. En México, hubo movilización popular contra el aumento del 60% en el precio de las tortillas, hechas de maíz.

El etanol made in USA, producido a partir del maíz, hizo duplicar el precio de este grano en un año. No es que los yanquis gusten tanto del maíz (excepto palomita). Sin embargo, el maíz es componente esencial en la alimentación de cerdos, bovinos y aves, lo que eleva el costo de cría de esos animales, encareciendo derivados como carne, leche, mantequilla y huevos.

Como hoy quien manda es el mercado, ocurre en los EUA lo que se reproduce en Brasil con la caña: los productores de soja, algodón y otros bienes agrícolas abandonan sus cultivos tradicionales por el nuevo “oro” agrícola: el maíz allá, la caña aquí. Eso repercute en los precios de la soja, del algodón y de toda la cadena alimentar, considerando que los EUA son responsables por mitad de la exportación mundial de granos.

En los EUA, existen hay lobbies de productores de bovinos, porcinos, caprinos y aves presionando el Congreso para que se reduzca el subsidio a los productores de etanol. Prefieren que se importe etanol de Brasil, a partir de caña, de modo de evitar aún más el alta del precio de la ración animal.

La desnutrición amenaza, hoy, a 52,4 millones de latinoamericanos y caribeños, un 10% de la población del continente. Con la expansión de las áreas de cultivo destinadas a la producción de etanol, se corre el riesgo de transformarse, de hecho, en necrocombustible – predador de vidas humanas. En Brasil, el gobierno ya castigó, este año, a haciendas cuyos cañaverales dependían de trabajo esclavo. Y todo indica que la expansión de ese cultivo en el Sudeste empujará la producción de soja Amazonia adentro, provocando la deforestación de una región que ya perdió, en área forestal, el equivalente al territorio de 14 estados de Alagoas.

La producción de caña en Brasil es históricamente conocida por la superexplotación del trabajo, destrucción del medio ambiente y apropiación indebida de recursos públicos. Los centrales se caracterizan por la concentración de tierras para el monocultivo dedicado a la exportación. Utilizan en general mano de obra emigrante, los boyas-frías (trabajadores agrícolas que no poseen sus propias tierras), sin derechos laborales reglamentados. Los trabajadores son (apenas) remunerados por la cantidad de caña cortada, y no por el número de horas trabajadas. Y aun así no tienen control sobre la medición del peso de lo que producen.

Algunos llegan a cortar, obligados, 15 toneladas por día. Tamaño esfuerzo causa serios problemas de salud, como calambres y tendinitis, afectando la columna y los pies. La mayoría de las contrataciones se da por intermediarios o los llamados “gatos”, agentes de trabajo esclavo o semi-esclavo. Después de 1850, un esclavo solía trabajar en el corte de caña de 15 a 20 años. Hoy, el trabajo excesivo redujo este tiempo medio para 12 años.

El entusiasmo de Bush y Lula por el etanol hace con que centrales alagoanos y paulistas disputen, palmo a palmo, cada pedazo de tierra del Triángulo Minero. Según el reportero Amaury Ribeiro Jr., en menos de cuatro años, 300 mil hectáreas de caña fueron plantados en antiguas áreas de pastizales y de agricultura. La instalación de una decena de centrales nuevos, próximos a Uberaba, generó la creación de 10 mil empleos e hizo la producción de alcohol en Minas saltar de 630 millones de litros en 2003 para 1,7 mil millones este año. La migración de mano de obra descalificada rumbo a los cañaverales – 20 mil boyas-frías por año – produce, además del aumento de favelas, asesinatos, tráfico de drogas, comercio de niños y de adolescentes destinados a la prostitución.

El gobierno brasileño necesita librarse de su síndrome de Coloso (la famosa tela de Goya). Antes de transformar el país en un inmenso cañaveral y soñar con la energía atómica, debería priorizar fuentes de energía alternativa abundantes en Brasil, como hidráulica, solar y eólica. Y cuidar de alimentar a los sufridos hambrientos, antes de enriquecer los “heroicos” dueños de centrales.

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Frei Betto es escritor, autor de Calendario del poder (Rocco), entre otros libros.
Fuente: Agencia Latinoamericana de Informacion

Agrocombustibles o Integración Sudamericana

¿Del MERCOSUR al MERCOETANOL O MERCOSOJA?

por Víctor Ego Ducrot*

La decisión brasileña de avanzar en el programa alentado por EE.UU. y las corporaciones petroleras y agroalimentarias es una amenaza de más neoliberalismo y menos cambios.

Parece que la mesa está servida, pero sólo para Estados Unidos, Europa y el complejo corporativo que forman las agroalimentarias y las petroleras. La semana pasada, Petrobrás y la portuguesa Galp firmaron un acuerdo para la producción de 600.000 toneladas anuales de aceites vegetales en Brasil y la comercialización y distribución de biodiésel en el mercado portugués y en el resto del Viejo Mundo.

El proyecto, anunciado en Lisboa durante la primera reunión empresarial Unión Europea-Brasil, en el marco de una cumbre con las máximas autoridades oficiales de ambas partes, implica la producción de 300.000 toneladas de aceites vegetales para ser procesadas en las refinerías de Galp Energia. Las restantes 300.000 toneladas serán destinadas a la producción de biodiésel para exportación a Portugal y al resto de Europa, informaron varios medios de prensa internacionales.

Petrobrás calificó a la asociación con Galp de “promisoria”, ya que las previsiones de producción de biodiésel de Brasil en 2008 “genera disponibilidades de exportación casi inmediatas”. Brasil es líder mundial en producción e investigación de biocombustibles, sobre todo en el etanol fabricado a partir de la caña de azúcar.

“Con este acuerdo, Galp Energia da un paso decisivo en la concreción de su estrategia de biocombustibles y contribuye al posicionamiento de Portugal en el liderazgo de la producción de segunda generación”, indicó la corporación lusitana en un comunicado oficial.

La Unión Europea (UE) debe cumplir con un marco regulatorio que determina la utilización de un 10 por ciento de biocombustibles antes de 2010. Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva, sostuvo que el acuerdo de su país con la UE es “estratégico”.

Claro, que los líderes políticos y corporativos se abstuvieron de reconocer que si ese proyecto, impulsado por el gobierno estadounidense de George W.Bush y las transnacionales se impone, una vez más los países en desarrollo financiarán la abundancia de las potencias centrales, con efectos letales para las sociedades del Sur.

Europa aspira a que los agrocombustibles satisfagan algo menos del 6 por ciento de la energía que necesitarán los transportes terrestres en 2010, y un 20 por ciento en 2020. Por su parte, Estados Unidos se propone una producción de 35.000 millones de barriles por año.

Para alcanzar esas metas, Europa debería comprometer el 70 por ciento de su superficie cultivable y, en Estados Unidos, la totalidad de las cosechas de maíz y soja tendrían que ser utilizadas para la elaboración de biodiésel o etanol, lo que provocaría una hecatombe alimentaria en el opulento mundo del Norte.

“Es por eso que los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) miran al hemisferio Sur para cubrir sus necesidades”, sentenció Eric Holtz-Giménez, director general de “Food First, Institute for Food and Development Policy” (Estados Unidos), en un notable artículo publicado por la revista Le Monde Diplomatique, el mes pasado.

Lula acaba de considerar a los agrocombustibles como “la revolución del siglo XXI” por su “indiscutible” cualidad de ser más limpios y ayudar a reducir la contaminación. Sin embargo, el mismo Le Monde Diplomatique recordó exactamente lo contrario.

Los agrocombustibles NO son limpios NI protegen al medio ambiente: “cada tonelada de aceite de palma que fundamentalmente se produce en Indonesia y Malasia, emite tanto o más gas carbónico que el petróleo. El etanol producido a partir de la caña de azúcar cultivada en selvas tropicales desmontadas emite un 50 por ciento más gases con efecto invernadero que la producción y la utilización de la cantidad equivalente de nafta. Los cultivos industriales destinados a los combustibles necesitan enormes esparcimientos de abonos producidos a partir de petróleo”.

Algunas interpretaciones provenientes de los medios de prensa vinculados al poder económico corporativo, como el diario Clarín, de Buenos Aires, concluyen que Lula aspira a que sus acuerdos con la UE flexibilicen las posiciones de Estados Unidos, que aunque proclamado socio estratégico de Brasil, no disminuye las trabas aduaneras a los agrocombustibles del país sudamericano.

“Esa disposición (la que surge de los acuerdos Brasil-UE) marca una diferencia con los resultados que obtuvo el presidente Lula en sus dos últimos encuentros con Bush. Con éste no logró superar la discusión de las barreras que Estados Unidos impone al alcohol de origen brasileño que se usa en las naftas. En las citas de marzo, Bush se mostró categórico: la venta de etanol brasileño recién puede aspirar a ver liberadas las trabas en 2009, esto es, después que él mismo deje el gobierno”, sostuvo Clarín la semana pasada.

Ni Lula, ni Bush, ni la UE, ni los medios de comunicación hegemónicos quieren recordar que, por ejemplo, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) reconoce lo siguiente: “como consecuencia de la pobreza, 824 millones de personas en el mundo sufren hambre, pese a que en el planeta se producen alimentos suficientes como para que cada uno de sus habitantes cuente con una ración diaria de 2.200 calorías”.

En tanto, el “Internacional Food Policy Research Institute”, de Washington, estimó que, si se pone en ejecución la estrategia agrocombustibles, el precio de los alimentos básicos aumentará entre un 20 y un 33 por ciento en 2010 y entre un 26 y un 135 por ciento en 2020.

“Con cada aumento del 1 por ciento en el precio de los alimentos, 16 millones de personas caen en inseguridad alimentaria. Si la tendencia actual continúa, 1.200 millones de habitantes podrían sufrir hambre de manera crónica para 2025”, afirmó Holtz-Giménez.

Al calor de proyecto agrocombustibles vienen registrándose operaciones de concentración creciente en el sector soja, uno de los más “dinámicos” en los países del Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

En ese sentido resulta curioso que, habiendo obtenido una cosecha sojera récord (47,5 millones de toneladas), Argentina haya incrementado en forma geométrica durante el primer semestre del año las importaciones de poroto de soja desde Paraguay, convirtiéndose en el principal cliente del país guaraní.

La Bolsa de Rosario (ciudad argentina donde se concentra buena parte de la industria transnacionalizada del sector) estimó que 1,5 millones de toneladas paraguayas se sumarán a lo producido en Argentina, informó el pasado lunes el diario Clarín.

Soja y agrocombustibles son partes complementarias de un modelo que tiende a derivar la producción agrícola hacia el mercado de los “commodities”, alejándola de las necesidades de soberanía y seguridad alimentaria de las sociedades del MERCOSUR.

Es en esa estrategia donde las corporaciones petroleras, de la alimentación y financieras han decidido asociarse, y por supuesto que Petrobrás y la portuguesa Galp no están solas.

“La rapidez con que se opera la movilización de capitales y la concentración de poder en la industria de los agrocombustibles es asombrosa. En los últimos tres años, se multiplicaron por ocho las inversiones de capital de riesgo en el sector. Los financiamientos privados inundan las instituciones públicas de investigación, como lo comprueban los 500 millones de dólares en subvenciones otorgadas por British Petroleum (BP) a la Universidad de California. Los grandes grupos petroleros, cerealeros, automotores y de ingeniería genética firman poderosos acuerdos societarios: Archer Daniela Midland Company (ADM) y Monsanto; Chevron y Volkswagen; BP, Dupont y Toyota”, afirmó el ya citado artículo de Holtz-Giménez en el mensuario Le Monde Diplomatique.

Es por lo expuesto hasta aquí, que ni remotamente alcanza para agotar el tema, que queda abierta la pregunta que le da título a esta nota: ¿Del MERCOSUR al MERCOETANOL O MERCOSOJA?

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*director de www.prensamercosur.com.ar